2 de abril de 2014

La felicidad de Andersen


Hans Cristian Andersen
fue un niño muy desgraciado. Nació en Dinamarca, el 2 de abril de 1805, de una madre que se había visto obligada a prostituirse por su progenitora (la abuela del pequeño Hans), y que más tarde se casó con un generoso señor Andersen, enrolado muy pronto en los ejércitos de Napoleón. La madre murió alcohólica, y el padre se mató al saberlo. El pequeño Hans tuvo que trabajar en una pañería y en una fábrica de tabaco y pasó gran parte de su infancia en la miseria económica. Por fortuna, fue recogido por su abuela paterna, que le adoraba, y por una vecina que le enseñó a leer. En la comunidad donde vivía, la pequeña isla de Fionia, los contadores de cuentos eran una tradición ancestral, que él siguió y admiró. Esos contadores, herederos de los inuit, enseñaron al niño Andersen algo que no sólo sería su medio de subsistencia, sino su salvación: contar historias. Así, el pequeño huérfano se hizo contador para liberarse, para dar una forma a su terrible pasado, para exorcizarlo. La ficción como salvavidas, como constructor de identidades, como vínculo que nos ayuda a comprender por fin el mundo, seguramente nada explica mejor nuestro afán por conocer historias, por recibirlas, por perseguirlas. Cuando años más tarde el ya muy famoso Hans Cristian Andersen escribió su autobiografía, la comenzó afirmando: "Mi vida es un bello cuento de hadas, magnífico y feliz".
Lo fue, en parte, porque a través de sus cuentos Andersen ayudó a otros niños desconocidos, algunos de los cuales nacerían muchos años después de su muerte, a curarse de las heridas de la vida.
Hoy 2 de abril, día internacional de la Literatura Infantil y Juvenil, día también del nacimiento del universal autor danés, recuerdo esta historia, que conocí leyendo al neurólogo y psiquiatra francés Boris Cyrulnik*. También comparto las imágenes del día en que me senté en las rodillas de Andersen, en Central Park, Nueva York, y le susurré al oído mis propias razones para escribir.


* El murmullo de los fantasmas. Volver a la vida después de un trauma, editorial Gedisa (2003).

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